El mago: Pequeños gestos para crear las condiciones
La vez pasada les comenté que, en numerología, lo que se hace es sumar los números del año, y ese resultado nos da el número energético del año, o las características numerológicas que va a traer. En el caso de este año, si lo sumamos, da 10, y entonces en numerología lo que se haría sería reducir ese número para llegar a un dígito, que en este caso sería el 1.
Pero como yo estoy haciendo esta lectura más sistémica, o esta lectura en diálogo entre dos sistemas , el numerológico y el tarot, lo que les traía era que la Rueda de la Fortuna, el 10, y el Mago, el 1, para mí serían las energías de este año. Porque, a diferencia de la numerología, el tarot sí tiene un arquetipo propio para el número 10. Entonces siento que estas energías se pueden trabajar en simultáneo y en relación.
Son energías que están muy ligadas, porque esta idea de final-inicio ya nos propone que algo que se cierra naturalmente está gestando algo nuevo, y que lo nuevo incluye en sí mismo también la finalización de algo.
Por eso hoy me daban ganas de abrir el pliegue de la carta número 1, que en el tarot corresponde al Mago.
Si en la Rueda de la Fortuna veíamos un dispositivo que parecía ser impulsado casi por una fuerza divina, por algo que opera en una escala mayor, en la carta del Mago ya aparece algo distinto. Vemos directamente la figura de un hombre frente a una mesa, y sobre esa mesa, elementos; él eleva uno y mira hacia el otro lado con cierta duda. Esto ya nos ubica en que la energía que trae esta carta es terrenal, matérica, humana. En términos prácticos, la carta del Mago simboliza el comienzo, la potencia de la creación, simboliza poder personal, ingenio, creatividad y manifestación; habla de que tenemos todas las herramientas y habilidades para convertir nuestras ideas y deseos en realidad: es acción encarnada.
La carta número uno solemos llamarla el Mago, pero el nombre que aparece históricamente en la carta es Le Bateleur. El registro más antiguo que tenemos es el de las barajas italianas de Visconti-Sforza del siglo XV, donde figura con el nombre Il Bagatto. Il Bagatto es un prestidigitador ambulante. La palabra deriva de bagatelle, y la carta tenía un rango menor dentro de la serie, porque estaba asociada al rango inferior dentro de la sociedad. El Mago era una mezcla entre mago, ocultista, artista callejero: una figura extravagante, el outsider. Una persona itinerante que va a la plaza, al pueblo, que despliega su mesa llena de herramientas y entretiene a las multitudes en los mercados o en las ferias. Una escena bastante tradicional de la Edad Media.
Y esa es la imagen que recoge el imaginario de la carta del Mago. Luego, con el correr de los siglos y las necesidades sociales, el arquetipo se va sacralizando, volviéndose un mago, un iniciado.
Pero el origen es el de una persona de los márgenes, con un conocimiento que produce intercambio.
La representación más antigua que se conserva del Bagatto pertenece a la baraja Visconti-Sforza, pintada a mano y dorada, encargada por el duque de Milán hacia 1453.
Más tarde, en el siglo XVII, Jacques Viéville interpreta al Bateleur en soledad, sin espectadores, retomando una lógica cercana a las primeras cartas italianas del Bagatto. Entre aproximadamente 1650 y 1660, la postura y la iconografía de Le Bateleur comienzan a estabilizarse en lo que hoy conocemos como el patrón del Tarot de Marsella.
Una de las primeras barajas conservadas de este patrón es la de Jean Noblet, fechada hacia 1650.
Esto nos habla entonces de un saber que no siempre es oficial ni académico, sino un conocimiento que circula a través de prácticas encarnadas. Y que ese conocimiento que tiene sobre sus instrumentos es lo que le da ventaja: una ventaja para negociar, para construir realidad, para producir intercambio.
Hacer la magia no es algo mental, o no solamente, sino que es acción, es gesto. Es la potencia de la acción primigenia. Por eso el pensamiento que propone no es solamente intelectual, sino que se produce en la relación entre la mente, la materia y el cuerpo. Es la encarnación práctica de los saberes.
Esto abre una lectura muy interesante porque esa forma de conocimiento que parte de la experiencia implica pensar en relación con el mundo material que nos rodea. No es una razón que se comprende solo con el intelecto. Es algo que se encarna en la práctica. No habla de un pensamiento puramente mental ni puramente espiritual, sino de un pensamiento que se produce en relación y que pasa por el propio cuerpo.
Por eso, una de las claves que trae el Mago para este año es la necesidad de accionar, de trabajar en el plano práctico y material. Y esto se diferencia mucho de una decisión que viene solo desde la intuición, entendida como algo puramente emocional o espiritual.
Esto también dialoga con el momento astrológico que estamos atravesando, con Neptuno pasando de Piscis a Aries, y Saturno acompañando ese movimiento. Hay un cambio de tono. La intuición que se nos pide ahora quizás ya no venga de lo sutil o de lo místico, sino de una intuición que surge del hacer, del ensayo, de los pequeños gestos, de la acción mínima que nos devuelve información concreta.
No se trata de esperar sentir claridad, sino de generar las condiciones para que la claridad aparezca en el movimiento. Muchas veces, cuando no hay discernimiento, es difícil diferenciar la intuición de una respuesta traumática, o de una idealización que nos disuelve en el deseo y nos inmoviliza. A mí me pasa bastante, viviendo en una sociedad que todo el tiempo dispersa la atención. Idealizamos, nos disolvemos en el deseo, y eso muchas veces nos paraliza.
Por eso una de las claves de esta carta es el accionar. La claridad viene desde otro lugar.
Si miramos la carta, vemos también que el Mago sostiene un objeto con cierta duda. Esa duda es importante. Habla de la angustia frente a lo que todavía no tiene forma. Y vemos también que la mesa no es un altar. Es una mesa de trabajo. Otro indicador claro de que esta carta todavía está en el terreno material, de lo terrenal.
Esto me gusta mucho porque nos sitúa dentro de esa energía terrenal en la cualidad instrumental de este arquetipo. El Mago posee los instrumentos para cambiar la realidad, pero reside en él, sobre todo, en qué elegir para crear esa transformación. Es en relación con esas herramientas que él construye su realidad, y al mismo tiempo él es un instrumento. El Mago es el canal a través del cual se produce una nueva realidad, porque él elige, pero también porque permite que eso suceda a través de él. Y eso nos trae también la idea de permitirnos entrar en el estado de flow, ese estado de conexión en el que fluimos y no pretendemos controlar.
Como persona de oficio, esto lo veo mucho en mi propia práctica: luego de que elijo mis materiales y me pongo a bordar, lentamente entro en un estado único, donde lo único que puedo hacer es repetir mis gestos y avanzar; ahí mi mente opera de otra manera, mis pensamientos se encarnan en mi práctica y abro una dimensión muy única, ese estado de conexión y presencia. Pasa en muchos oficios y cuando nos entregamos a ese estado de flow: cocinando, bailando, corriendo, lo que sea. Somos ese instrumento, pareciera que la vida misma pasa a través nuestro, no sin agencia, sino permitiéndonos ser.
Las decisiones que tomamos están siempre en relación con lo que elegimos. Y lo que se produce va a estar directamente ligado a cómo y con qué elijo trabajar.
Volviendo a la carta de tarot, otra cosa importante entre lo terrenal y material es la mesa. Esa superficie de experimentación, donde todo pasa por el ensayo, el error y la creación. Funciona como un umbral entre la materia y el sentido. Esta mesa, que nos puede remitir a las ilustraciones medievales de los talleres, también remite a la mesa de los alquimistas.
Sobre esa mesa hay materiales en distintos estados. Los elementos dispuestos remiten a las copas, las espadas, los bastos, el oro: protoarcanos menores, pero sobre todo materia en transformación. Y en esa transformación no domina ni lo espiritual ni lo mental por separado, sino el conocimiento encarnado.
Traigo la relación entre taller, oficio y alquimia porque comparten algo muy profundo. En su origen, la alquimia no era un sistema simbólico ni una filosofía abstracta, sino una práctica instrumental. El conocimiento se producía en el laboratorio, a través de operaciones concretas. La ciencia, lo espiritual y lo químico no estaban separados. El alquimista piensa junto con la materia. Se transforma a sí mismo en tanto transforma la materia.
Esto es algo profundamente mágico del Mago: la transformación es simultáneamente interna y material.
Es recién a partir del siglo XVI, con el pensamiento cartesiano, que empieza a separarse la ciencia de la filosofía y de lo espiritual, y la alquimia se desplaza hacia lo simbólico. Pero su núcleo originario es la unión entre intelecto y materia, la primacía de la práctica.
En el textil esto se ve con mucha claridad. El textil es una alquimia viva. Trabajamos con materiales en determinados estados y los transformamos. Elegimos herramientas y sostenemos procesos lentos. Usamos ruecas, telares, mordientes. Son instrumentos que traducen el mundo.
Por eso el textil es uno de los campos más fértiles para pensar con la materia. Cuando bordo, mi pensamiento es otro. Mi mente se vuelve herramienta. El textil porta una inteligencia material que no se deja reducir fácilmente a la teoría. Nos demuestra que la materia es una interlocutora activa.
Estos saberes no siempre fueron reconocidos como ciencia, pero son conocimientos altamente complejos: químicos, matemáticos, técnicos, estéticos, poéticos. Cuando vemos un poncho, ahí conviven todos esos planos.
Por eso también vinculo al Mago con los oficios y con los saberes desplazados. Con ese conocimiento que no pide permiso, que no siempre habita en los libros, o que, incluso cuando lo hace, solo se comprende del todo cuando se practica.
Pensar todo esto es clave para este año. El Mago nos pide afinar la escucha, pero de manera encarnada. Poner el cuerpo. No esperar la señal perfecta, sino actuar. El pensamiento también surge de la acción.
Desde ahí se abre una clave muy grande: abandonar la especulación constante, soltar el control y actuar desde donde podemos incidir, aunque sea mínimo.
Más allá de la angustia por lo que todavía no vemos, lo que sí podemos hacer es, con las herramientas que tenemos, crear las condiciones para que lo que queremos que suceda empiece a suceder. No frenar la rueda, sino preparar el terreno.
Crear un punto de origen. Elegir ser canal. Trabajar desde lo pequeño. No desde la fantasía de manifestar, sino desde preguntarnos: ¿qué necesito transformar hoy y con qué herramientas de las que tengo puedo hacerlo para que lo que deseo ocurra?
No hay estrategia todavía. Esto implica actuar, incluso con la duda. Hay experimentación. Movimiento mínimo. Porque el movimiento en sí mismo produce sentido.
Y esa es la espiritualidad del Mago: una espiritualidad profundamente terrenal, encarnada, que pasa por las prácticas, por las manos, por el cuerpo.
Así que pongamos a trabajar esas manos, para que la magia suceda.
Haz que se destaque
Eliphas Lévi completó la transformación del prestidigitador en un mago ceremonial en su libro Magia Trascendental (1856). Lévi asignó a esta carta la primera letra del alfabeto hebreo, Aleph, señalando que el cuerpo y los brazos del Mago imitan la forma de esa letra.