El hacer textil como movimiento continuo, indivisible del cuerpo y del tiempo que lo sostiene
En Textile, Textere, Technē, Victoria Mitchell 1 cuestiona la idea moderna de que la forma preexiste al proceso y se impone sobre una materia pasiva. En su lectura, el textil no responde a una lógica de diseño–ejecución, sino a una lógica formativa, donde la estructura se va configurando en el propio hacer. La forma que emerge es el resultado de una serie de decisiones situadas que surgen entre el gesto, la materia y esa continuidad del proceso.
Desde esta perspectiva, la estructura textil es un orden que se teje progresivamente, punto a punto, hilo a hilo. Cada intervención modifica las condiciones de la siguiente, de modo que el objeto no puede entenderse como la realización de una idea previa, sino como una realidad que se constituye a lo largo del proceso mismo.
Tiempo, ritmo y no-acelerabilidad del hacer textil
Mitchell insiste en que el tiempo y la duración de la practica es una condición fundamental del hacer textil. El tejido, el bordado o el trabajo con fibras implican una secuencia de gestos repetidos que no puede comprimirse sin alterar la calidad del resultado. Acelerar nuestro ritmo siempre tiene consecuencias, tanto en el proceso como en el resultado.
Estos procesos exigen atención sostenida y nos sumergen en una temporalidad propia. Cada gesto se apoya en el anterior y modifica el siguiente, generando una acumulación donde el tiempo no es un medio para llegar al objeto, sino una dimensión constitutiva del mismo.
Desde su mirada, el textil desplaza el valor del resultado final, hacia la temporalidad del proceso. El modo en que el tiempo se inscribe en la materialidad y en la experiencia corporal de quien hace. El objeto terminado condensa ese tiempo: lo vuelve visible, sensible, material.
Relacionalidad y pensamiento “desde y con” el textil
Un aporte clave del texto es la insistencia en pensar el textil no como un objeto cerrado, sino como un campo de relaciones. Mitchell propone desplazar la mirada analítica que observa el textil “desde afuera” y avanzar hacia una forma de pensamiento que se produce desde y con el hacer textil.
Esto implica reconocer que el sentido no se añade después, ni se impone desde un marco externo, sino que emerge del entramado de relaciones entre cuerpo, material, gesto, herramientas y tiempo. El textil, en este sentido, no solo es un objeto cultural, sino una forma de pensamiento en acto.
Esto nos habla entonces de un saber que no siempre es oficial ni académico, sino un conocimiento que circula a través de prácticas encarnadas. Y que ese conocimiento que tiene sobre sus instrumentos es lo que le da ventaja: una ventaja para negociar, para construir realidad, para producir intercambio
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1- Mitchell es profesora senior en el Norwich University College of the Arts, en Inglaterra.
Este ensayo fue escrito originalmente para la conferencia Obscure Objects of Desire: Reviewing the Crafts in the Twentieth Century en 1997 y publicado en las actas del congreso, editadas por Tanya Harrod.